Estoy a punto de casarme pero no dejo de pensar en ella.
En esta fiesta no puedo apartar mis ojos de ella: cómo se muerde el labio inferior, tan carnoso; su magnífica sonrisa, dejando escapar una alegre risotada coqueta, mientras la rodean tres hombres; dejándose querer, zalamera. Echa su cabeza hacia atrás y luce su preciosa cabellera rubia. Despliega todos sus encantos, como sus inmensos ojos verdes entre el batir de sus larguísimas pestañas. Tiene además una figura de infarto, unas bonitas piernas y un escote....donde abandonarte toda la noche.
Me gustaría rodearla por la cintura, sacarla de todo este caos y a oscuras morderle la boca y el cuello. Asirme fuertemente a su cuerpo para que no escape y amarla, amarla con pasión, con rabia. Transportarla al infinito para luego caer en picado.
Ahora me mira. Por un instante parece vislumbrar mis ensoñaciones. Contengo la respiración. Me tiende su mano y, agarradas, vamos juntas al baño.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

Nunca me gustaron las rubias.
ResponderEliminarSoy más de morenas.