jueves, 28 de mayo de 2009
VOLAR
Eran las nueve y media. Esperaba en una esquina empapada bajo la lluvia. Hacia ya un buen rato que esperaba pero no le importó. Seguía allí muerta de frío mirando impaciente hacia arriba. No perdía la esperanza atenta a cualquier sonido. Estaba segura de que tarde o temprano llegaría. Lo había visto en sus sueños. En sueños el hombre pájaro venía a buscarla. Exactamente en aquel mismo sitio. Aterrizaba junto a ella con sus plumas de arco iris y le abrazaba. Ella se acurrucaba entre sus alas y sentía la calidez de su abrazo. Sus plumas eran de vivos y preciosos colores y muy suaves. Olía a tierra mojada y a hojas caídas. Le hacía cosquillas en la mejilla. Susurrándole al oído le pidió que se la llevara de allí. Quería volar con él. Le contestó que iría a buscarla. A las nueve. Ya eran más de las diez. Al despertar había vuelto a sentirse feliz. Sólo pensar en el vuelo junto a él le hacía sentirse mejor. Cantaba otra vez. Otra vez la música llenaba su vida. Pero no aparecía. Tal vez la tormenta se lo impedía. Hundida de nuevo tras horas de eterna espera volvía a casa. Temblando de frío y miedo por volver a la apatía. Despertó sobresaltada. Se sentía húmeda aún con el frío todavía metido en sus huesos. Al darse la vuelta en la cama yacía el hombre pájaro con un ala herida.
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