(El cigarrito de después...)
En volandas enciendo el cigarro y vuelvo a la cama. Ella me espera desnuda y desmayada de esfuerzo. A su lado, aspiro el humo cerrando los ojos, recreándome todavía en el roce de su piel y su boca... La conciencia de su boca hace que me suba un escalofrío por la espalda. Aspiro con más fuerza y dejo salir el humo lentamente. Le acaricio la espalda y tiembla. El placer aún recorre su cuerpo y respira profundo. Presto atención a esa cadencia, como antes prestaba atención a sus gemidos. Ahora puedo moverme con calma, disfrutar de este infinito momento de laxitud.
lunes, 1 de junio de 2009
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