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Todas las noches, Caperucita sale de casa vestida de negro, con medias de rejilla y botas militares. Se pinta las uñas de esmalte rojo y, en los ojos, una raya negra. Le pide a algún amigo que la lleve, coge el autobús o llama a un taxi, porque todavía no se atreve a andar sola por el bosque.
"¡Maldita familia que tuvo que elegir una casita en medio del bosque!".
Frecuenta los bares de leñadores y bebe y fuma con ellos. Todas las noches, elige a un leñador fuerte, robusto, velludo, que siempre sucumbe a sus encantos, y se deja hacer, complaciente, sumisa; es el único lugar donde se siente segura, en brazos de un leñador. Entonces llega su momento, sólo ha puesto una condición, y convence a su amante para jugar a su juego preferido: la caza del lobo.
Corren por el bosque y Caperucita se despreocupa, aúlla, puede oler el miedo del animal y sonríe.
Corren por el bosque y Caperucita se despreocupa, aúlla, puede oler el miedo del animal y sonríe.
Sus caperuzas ahora están hechas de piel de lobo.

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