sábado, 28 de noviembre de 2009

Dáme alas

No sabía qué hacía allí, no se encontraba bien, pero había decidido ir a la fiesta; cuando llegó se dió cuenta de su error, no se sentía a gusto, debería haber declinado la oferta. Pero sus compañeros de trabajo habían contado con ella, a pesar de su enfermedad, y no quiso defraudarles. Cuando llegó parecían preocupados por ella y agradeció sus muestras de interés, pero más tarde desapareció del mapa...

Durante la comida intentó entablar conversación con las chicas a su lado, pero la charla acababa pronto en su boca; quiso seguir las bromas de los chicos pero no le hacían gracia y forzaba una sonrisa que no era suficiente para encubrir su disgusto, y los demás se daban cuenta...

En la calle, se situaba siempre dos pasos por detrás de los demás, iba callada, refugiada en su abrigo y comentando simplemente el frío si alguien se le acercaba, incapaz de imponerse para elegir un coche que la llevara...

Cuando fueron de copas, se sentó en una esquina y ya no se molestó en participar en ninguna conversación, en unirse a ningún grupo. No chismorreaba como los otros, no se reía tanto, no tomaba nada, no bailaba, no cantaba. No se lo pasaba bien porque en el fondo no quería estar allí. Siempre esa sensación de estar en un lugar que no le correspondía...

De repente, él se giro, le miró a los ojos y le dijo:
"Me gusta cuando callas porque estás como ausente..."

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