Para Irene
Hemos vivido nuestra adolescencia y el paso a la madurez juntas. Siempre estuviste a mi lado cuando te necesité y yo era leal hasta la médula. No había secretos y nos cuidábamos la una a la otra. Nada pudo con nosotras: ni los romanos, ni la infidelidad, ni los monstruos de dos cabezas.
Pero donde caben dos no siempre caben tres. Te enamoraste y se repitió la misma historia de otras veces; ya conocíamos el juego, pero cuando los jugadores fueron distintos, salimos perdiendo. Yo no soporté la crueldad, tu ceguera, el cinismo... y salí huyendo, deserté de nuestro amor.
Ahora estás embarazada y yo nunca conoceré a mi niña, no podré mimarla ni leerle cuentos.
Perdóname, mi pequeña María...

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