Tendría que haber nacido niño... para poder mear de pie, en cualquier parte, sin tener que buscar un escondite.
Para ser valiente; habría sido torero.
Para ser un témpano de hielo y no demostrar nunca mis sentimientos.
Para ir sobrado de entereza y no llorar desconsolada.
Para ser fuerte y no temer.
Para ser aliado de la soledad e indeferente ante el amor.
Y PARA QUE ME IMPORTARA UNA MIERDA TODO.
martes, 29 de diciembre de 2009
jueves, 24 de diciembre de 2009
LLUVIA
Nunca me han gustado los días de lluvia, me parece un mal presagio y siempre lo he relacionado con días tristes.
Pero hoy ha sido distinto. No me ha importado mojarme, ni que se me volara el paraguas y se me rompiera una varilla. No ha significado un disgusto llegar empapada a casa.
Porque hoy sabía hacia donde iba.
Hoy no me sentía triste.
La lluvia también puede purificar...
Sólo un sentimiento ha roto esta placidez: hoy, de repente, y sin saber por qué, he echado de menos a mi abuela...
Pero hoy ha sido distinto. No me ha importado mojarme, ni que se me volara el paraguas y se me rompiera una varilla. No ha significado un disgusto llegar empapada a casa.
Porque hoy sabía hacia donde iba.
Hoy no me sentía triste.
La lluvia también puede purificar...
Sólo un sentimiento ha roto esta placidez: hoy, de repente, y sin saber por qué, he echado de menos a mi abuela...
viernes, 18 de diciembre de 2009
LA TERAPIA DEL PATITO FEO
Mi psicólogo me ha recomendado que me enfrente a mi familia para superar mis inseguridades, que les abra mi corazón y les exprese mis sentimientos, que les explique lo difícil que fue mi infancia, cómo me afectaba su rechazo. Aún hoy sigo sintiéndome feo a pesar de mi espléndido aspecto.
Mi psicólogo también me felicita porque, aunque estaba excluído de la familia, no les abandoné cuando descubrí mi verdadera procedencia.
Al fin y al cabo eran la única familia que había conocido y eso no cambió al convertirme en cisne. Además, a partir de mi transformación empezaron a respetarme.
Mi vida como cisne era solitaria, me costó acostumbrarme al cambio, y mi familia estuvo ahí para apoyarme. Quizás por interés, sí, pero arropado por ellos no me sentía tan solo.
Mi psicólogo igualmente me recomienda que aproveche para salir del armario. Soy el cisne más bello del estanque, pero no puedo dejar de fijarme en los patos machos.
Mi psicólogo también me felicita porque, aunque estaba excluído de la familia, no les abandoné cuando descubrí mi verdadera procedencia.
Al fin y al cabo eran la única familia que había conocido y eso no cambió al convertirme en cisne. Además, a partir de mi transformación empezaron a respetarme.
Mi vida como cisne era solitaria, me costó acostumbrarme al cambio, y mi familia estuvo ahí para apoyarme. Quizás por interés, sí, pero arropado por ellos no me sentía tan solo.
Mi psicólogo igualmente me recomienda que aproveche para salir del armario. Soy el cisne más bello del estanque, pero no puedo dejar de fijarme en los patos machos.
jueves, 10 de diciembre de 2009
La mojigata de Blancanieves
Llevo dos años casado con Blancanieves y nuestra convivencia se ha vuelto tediosa.
Al principio me atrajo la idea de estar con la mujer más bella del mundo, me hacia ilusión poseer tan preciado tesoro, y no olvido mencionar su dote... He de confesar que todo eran ventajas.
Pero ya no aguanto más: de tan limpia que es, da asco; los enanitos vienen a casa una vez a la semana para tomar el té y cantar en el karaoke, y esa voz de pito que tiene mi esposa me taladra los oídos; no consigo modernizar su vestuario; su tez tan pálida empieza a darme arcadas; añoro comer manzanas, prohibidas en nuestra dieta porque las aborrece desde su terrible accidente; se preocupa más por los malditos animalitos que por mí, que vago por la casa sin nada que hacer; no tiene apenas conversación, y para colmo, en la cama es sosísima.
Así que, sin que ella lo sepa, me he liado con su madrastra, que está más buena y me da más caña.
Al principio me atrajo la idea de estar con la mujer más bella del mundo, me hacia ilusión poseer tan preciado tesoro, y no olvido mencionar su dote... He de confesar que todo eran ventajas.
Pero ya no aguanto más: de tan limpia que es, da asco; los enanitos vienen a casa una vez a la semana para tomar el té y cantar en el karaoke, y esa voz de pito que tiene mi esposa me taladra los oídos; no consigo modernizar su vestuario; su tez tan pálida empieza a darme arcadas; añoro comer manzanas, prohibidas en nuestra dieta porque las aborrece desde su terrible accidente; se preocupa más por los malditos animalitos que por mí, que vago por la casa sin nada que hacer; no tiene apenas conversación, y para colmo, en la cama es sosísima.
Así que, sin que ella lo sepa, me he liado con su madrastra, que está más buena y me da más caña.
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