jueves, 10 de diciembre de 2009

La mojigata de Blancanieves

Llevo dos años casado con Blancanieves y nuestra convivencia se ha vuelto tediosa.
Al principio me atrajo la idea de estar con la mujer más bella del mundo, me hacia ilusión poseer tan preciado tesoro, y no olvido mencionar su dote... He de confesar que todo eran ventajas.
Pero ya no aguanto más: de tan limpia que es, da asco; los enanitos vienen a casa una vez a la semana para tomar el té y cantar en el karaoke, y esa voz de pito que tiene mi esposa me taladra los oídos; no consigo modernizar su vestuario; su tez tan pálida empieza a darme arcadas; añoro comer manzanas, prohibidas en nuestra dieta porque las aborrece desde su terrible accidente; se preocupa más por los malditos animalitos que por mí, que vago por la casa sin nada que hacer; no tiene apenas conversación, y para colmo, en la cama es sosísima.
Así que, sin que ella lo sepa, me he liado con su madrastra, que está más buena y me da más caña.

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