Nunca me han gustado los días de lluvia, me parece un mal presagio y siempre lo he relacionado con días tristes.
Pero hoy ha sido distinto. No me ha importado mojarme, ni que se me volara el paraguas y se me rompiera una varilla. No ha significado un disgusto llegar empapada a casa.
Porque hoy sabía hacia donde iba.
Hoy no me sentía triste.
La lluvia también puede purificar...
Sólo un sentimiento ha roto esta placidez: hoy, de repente, y sin saber por qué, he echado de menos a mi abuela...
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

No hay comentarios:
Publicar un comentario