domingo, 29 de noviembre de 2009

ÁNGEL CAMPOS PÁMPANO

mientras pueda pensarte
no habrá olvido
todavía si llamas
acudo a ti
fluyo desde mi mano
a la mano que tiendes desvalido
y entro en tu abrazo
con el temor que engendra el miedo
pero voy en tu busca
acudo a ti ofreciéndome
como animal sediento
que hociquea en el barro
acudo a ti
asciendo a tu respiración
fragmentado rumor que es puro abismo
surco abierto en la roca
cauce seco
que oculta el agua
la misma que ahora yo
acerco hasta los labios agrietados

sábado, 28 de noviembre de 2009

Dáme alas

No sabía qué hacía allí, no se encontraba bien, pero había decidido ir a la fiesta; cuando llegó se dió cuenta de su error, no se sentía a gusto, debería haber declinado la oferta. Pero sus compañeros de trabajo habían contado con ella, a pesar de su enfermedad, y no quiso defraudarles. Cuando llegó parecían preocupados por ella y agradeció sus muestras de interés, pero más tarde desapareció del mapa...

Durante la comida intentó entablar conversación con las chicas a su lado, pero la charla acababa pronto en su boca; quiso seguir las bromas de los chicos pero no le hacían gracia y forzaba una sonrisa que no era suficiente para encubrir su disgusto, y los demás se daban cuenta...

En la calle, se situaba siempre dos pasos por detrás de los demás, iba callada, refugiada en su abrigo y comentando simplemente el frío si alguien se le acercaba, incapaz de imponerse para elegir un coche que la llevara...

Cuando fueron de copas, se sentó en una esquina y ya no se molestó en participar en ninguna conversación, en unirse a ningún grupo. No chismorreaba como los otros, no se reía tanto, no tomaba nada, no bailaba, no cantaba. No se lo pasaba bien porque en el fondo no quería estar allí. Siempre esa sensación de estar en un lugar que no le correspondía...

De repente, él se giro, le miró a los ojos y le dijo:
"Me gusta cuando callas porque estás como ausente..."

miércoles, 25 de noviembre de 2009

EL CORAZÓN HELADO

El destino, la intuición, la suerte, me regalan a veces el descubrimiento de algún autor que estimula mi fidelidad hasta el extremo. Y pueden ocurrir dos cosas:
  1. Murakami. Leer y releer cualquier cosa y disfrutar sin consciencia.
  2. Ruiz Zafón. Decepción y deserción.

Almudena Grandes es del primer tipo, conquistándome con Las edades de Lulú y sorprendiéndome con cada novedad, como esta historia inesperada sobre la guerra civil española.

"...distinguí un punto de luz en la boca del pozo por el que caía a toda velocidad, y no dejé de verlo ni siquiera cuando conté uno por uno todos mis huesos para comprobar que todos estaban rotos. Fueron días negros, horribles, días pesados y torpes hechos de torpes y pesados segundos de arena oscura, húmeda y sucia, siempre iguales, idénticos en su pesadez, en su torpeza, segundos como eternidades breves, repetidas, el último grano de un tormento insoportable, y de nuevo el último, y un grano más, y todavía el último grano, siempre el último y aún otro grano de arena cayendo sobre mi cabeza."

"...quizás pasara el tiempo, mucho más tiempo, y en cualquier momento, en cualquier lugar, volvería a ver a Raquel por casualidad, pero ya sería demasiado tarde para las preguntas, para las respuestas, para cualquier camino que no desembocara sin remedio en el rencor, o en el desván polvoriento y más cruel del olvido."

martes, 24 de noviembre de 2009

CAPERUCITA HEAVY

Caperucita ya tiene 15 años. Está en esa edad rebelde e incorregible; en esa edad terrible, ingobernable. Su madre y la abuelita ya no saben qué hacer con ella: apenas habla, ha dejado los estudios, no para en casa... La abuelita la disculpa por la experiencia traumática que tuvo que afrontar siendo una niña.

* * *

Todas las noches, Caperucita sale de casa vestida de negro, con medias de rejilla y botas militares. Se pinta las uñas de esmalte rojo y, en los ojos, una raya negra. Le pide a algún amigo que la lleve, coge el autobús o llama a un taxi, porque todavía no se atreve a andar sola por el bosque.

"¡Maldita familia que tuvo que elegir una casita en medio del bosque!".

Frecuenta los bares de leñadores y bebe y fuma con ellos. Todas las noches, elige a un leñador fuerte, robusto, velludo, que siempre sucumbe a sus encantos, y se deja hacer, complaciente, sumisa; es el único lugar donde se siente segura, en brazos de un leñador. Entonces llega su momento, sólo ha puesto una condición, y convence a su amante para jugar a su juego preferido: la caza del lobo.
Corren por el bosque y Caperucita se despreocupa, aúlla, puede oler el miedo del animal y sonríe.

Sus caperuzas ahora están hechas de piel de lobo.

jueves, 12 de noviembre de 2009

TE ECHO DE MENOS

Para Irene

¿Recuerdas cuando nos conocimos? Era nuestro primer día de clase y no querías sentarte conmigo porque éramos de equipos rivales. No tuviste más remedio que hacerlo y a partir de ahí fuimos inseparables.
Hemos vivido nuestra adolescencia y el paso a la madurez juntas. Siempre estuviste a mi lado cuando te necesité y yo era leal hasta la médula. No había secretos y nos cuidábamos la una a la otra. Nada pudo con nosotras: ni los romanos, ni la infidelidad, ni los monstruos de dos cabezas.
Pero donde caben dos no siempre caben tres. Te enamoraste y se repitió la misma historia de otras veces; ya conocíamos el juego, pero cuando los jugadores fueron distintos, salimos perdiendo. Yo no soporté la crueldad, tu ceguera, el cinismo... y salí huyendo, deserté de nuestro amor.
Ahora estás embarazada y yo nunca conoceré a mi niña, no podré mimarla ni leerle cuentos.
Perdóname, mi pequeña María...

martes, 10 de noviembre de 2009

LA OMISIÓN DE LOS COLEMAN

Es terrible que el silencio pueda llegar a ser culpable.
Es la más grave de todas mis culpas pero, en fin, lo he cometido. Pequé ante vos y ante mí.
Cuando el silencio se instala dentro de una casa es muy difícil hacerlo salir; cuanto más importante es una cosa, más parece que queramos callarla. Parece como si se tratara de una materia congelada, cada vez más dura y masiva: la vida continúa por debajo solo que no se la oye.
Marguerite Yourcenar.
LOCURA
Los pies descalzos de equilibrio
agrietados.
Vestido blanco de domingo difunto
hecho jirones.
La lluvia doliente en tus hombros
que pesa.
Se resquebraja el espejo
y observa
mientras pierdes los cinco sentidos.
Si no escuchas no callas.
Eres tú, persona latente
en mi cabeza,
que espantas el sueño cuerdo.

martes, 3 de noviembre de 2009

SOMBRA

No es una gran ciudad, no es un teatro importante, pero iré donde tú vayas, te seguiré, dos pasos más atrás.
Caminaré por donde tú caminaste seis segundos más tarde. Mis ojos retratarán aquello que viste, descifrarán acertijos iguales.
Siempre pisándote los talones, repetiré tus aventuras, en un bucle duplicando tu silueta.
Porque el mismo destino que nos unió nos separa, jocoso. Es nuestro desencuentro en el tiempo infinito que no nos da tregua.