Te metes en la cama y no puedes mantener los ojos cerrados; no los impulsa la pesadez del sueño.
Ningún pensamiento revolotea en tu cabeza, estás relajada, tranquila, pero no llega el sueño.
Das vueltas y vueltas, buscas la postura adecuada. Intentas de un lado, del otro, del que es el tuyo y del que nunca lo ha sido. Cuando parece que has conseguido encontrarla, cuando por fin los ojos te pesan, algo hace clic en tu cerebro y de nuevo ojos abiertos. De vuelta al estado catatónico, sin sueño.
La perdición está en el reloj, donde las horas pasan sin darte cuenta y cada vez está más cerca la definitiva. Una larga noche interminable sin descanso que finaliza irremediablemente demasiado pronto, porque no has podido dormir, porque no has tenido tregua. Ha sido una noche inútil, estéril de sueño.
Te levantas y vas al baño, lees, ves la tele, te tomas una infusión de manzanilla-tila-melisa-relax de herbolario que no sirve para nada, y respiras hondo y vuelves a la cama. Puede que tengas suerte esta vez, que el sueño te venza unas horas, pero al más mínimo ruido... quizás una pesadilla... De nuevo sin sueño.
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