El reflejo me devuelve la imagen de tu espalda ancha, hermosa, mientras te abrazo. Al otro lado del espejo puedo verla desnuda, arañándola al hacer el amor.
Tu espalda es el principio, donde ascendí, borracha de amor, para empezar a besarte, para alinearme contigo, para prenderme a ti, por siempre.
Es ahí donde los abrazos son más cálidos, cogidos por sorpresa, para hacerte suspirar, para entregarme entera.
Escondo mi nariz entre tus omóplatos y puedo oler a tabaco, a madera, así reconozco tus cargas y puedo librarte de ellas con un susurro.
Tu espalda es la búsqueda, mis manos perdiéndose peregrinas hasta quedarte dormido.
Es lo último que veo en sueños.
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