domingo, 28 de febrero de 2010

Mi segunda piel
tiene nombre de varón.
Una piel de hombre
entrelazada con la mía.
Desnudez de lo oscuro.
Desde fuera
hacia lo más hondo
me moldea entre sus dedos
a su imagen y semejanza.
Desnudez de lo oscuro.
Una boca masculina
se vuelve mi boca
al beber su alma
oculta entre unos besos.
Desnudez en lo oscuro.

jueves, 11 de febrero de 2010

LA SEMANA MÁS LARGA DEL MUNDO

La semana más larga del mundo tiene siete días, como el resto de las semanas.
Cada uno de esos siete días tiene veinticuatro horas, como todos los días del año.
Pero cada una de esas horas pasa lentamente, caracoleando en mi cabeza.
Esas horas cansadas, que languidecen aburridas, bostezando segundos interminables.

La semana más larga del mundo es una semana más de este crudo invierno.
Sus siete días se suceden fríos y lluviosos, y amenaza nieve.
Pero este frío permanece más tiempo, se asienta en lo más profundo.
La lluvia de estos días cala más hondo, y tardas una eternidad en liberarte.

La semana más larga del mundo está marcada por la nieve.
Puede que caiga, o puede que no, pero la espera pierde la paciencia y huye.
Tú disfrutas de la nieve y yo la temo, y se crea una barrera blanca kilométrica.
Los copos se retrasan y nos cansamos de desearlos boquiabiertos desde el suelo.

La semana más larga del mundo aguarda.

La semana más larga del mundo acabará...
cuando vuelvas.


miércoles, 10 de febrero de 2010

GREEN PEAS

Querido diario:
Creía que ser princesa sería maravilloso, pero las circunstancias que me llevaron a conocer al príncipe y que en principio me parecieron tan afortunadas, con el tiempo se han convertido en una pesadilla.
Mi futuro esposo, tan emocionado por lo que ocurrió y por la ceremonia que se acerca, ve en estas pequeñas semillas un símbolo del triunfo de nuestro amor. Ha hecho construir esferas de color verde que ha colocado por todo el castillo, los jardineros tienen la orden de cortar de forma circular todos los setos del palacio, así mismo ha contratado a un artista que pinta y moldea guisantes por doquier. Vaya a donde vaya me rodean esos granos esmeralda, que adornaran también mi vestido de novia. ¡Me obligaran a llevarlos al cuello!
Todos los días, en las comidas, no faltan como ingrediente perenne y forzoso: crema de guisantes, ensalada de guisantes, guisantes con jamón, pudding de guisantes... En el arroz, guisantes; en la carne, guisantes; en el pescado, guisantes... Gracias a Dios todavía queda alguien con sentido común en este lugar, y el cocinero se ha negado en rotundo a preparar postres con guisantes. ¡Menos mal que aún existe un terreno vetado para esta verdura!
Todos los días, en las comidas, alego alguna indisposición, y consigo levantarme de la mesa a tiempo para evitar llevármelos a la boca. A escondidas, sacio mi hambre con cualquier otra cosa que encuentro: patatas crudas, mondas de fruta, sobras de los animales...
Y es que todo fue un accidente. Acerté a adivinar que en mi cama había un guisante, porque soy alérgica.