miércoles, 10 de febrero de 2010

GREEN PEAS

Querido diario:
Creía que ser princesa sería maravilloso, pero las circunstancias que me llevaron a conocer al príncipe y que en principio me parecieron tan afortunadas, con el tiempo se han convertido en una pesadilla.
Mi futuro esposo, tan emocionado por lo que ocurrió y por la ceremonia que se acerca, ve en estas pequeñas semillas un símbolo del triunfo de nuestro amor. Ha hecho construir esferas de color verde que ha colocado por todo el castillo, los jardineros tienen la orden de cortar de forma circular todos los setos del palacio, así mismo ha contratado a un artista que pinta y moldea guisantes por doquier. Vaya a donde vaya me rodean esos granos esmeralda, que adornaran también mi vestido de novia. ¡Me obligaran a llevarlos al cuello!
Todos los días, en las comidas, no faltan como ingrediente perenne y forzoso: crema de guisantes, ensalada de guisantes, guisantes con jamón, pudding de guisantes... En el arroz, guisantes; en la carne, guisantes; en el pescado, guisantes... Gracias a Dios todavía queda alguien con sentido común en este lugar, y el cocinero se ha negado en rotundo a preparar postres con guisantes. ¡Menos mal que aún existe un terreno vetado para esta verdura!
Todos los días, en las comidas, alego alguna indisposición, y consigo levantarme de la mesa a tiempo para evitar llevármelos a la boca. A escondidas, sacio mi hambre con cualquier otra cosa que encuentro: patatas crudas, mondas de fruta, sobras de los animales...
Y es que todo fue un accidente. Acerté a adivinar que en mi cama había un guisante, porque soy alérgica.

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