La semana más larga del mundo tiene siete días, como el resto de las semanas.
Cada uno de esos siete días tiene veinticuatro horas, como todos los días del año.
Pero cada una de esas horas pasa lentamente, caracoleando en mi cabeza.
Esas horas cansadas, que languidecen aburridas, bostezando segundos interminables.
La semana más larga del mundo es una semana más de este crudo invierno.
Sus siete días se suceden fríos y lluviosos, y amenaza nieve.
Pero este frío permanece más tiempo, se asienta en lo más profundo.
La lluvia de estos días cala más hondo, y tardas una eternidad en liberarte.
La semana más larga del mundo está marcada por la nieve.
Puede que caiga, o puede que no, pero la espera pierde la paciencia y huye.
Tú disfrutas de la nieve y yo la temo, y se crea una barrera blanca kilométrica.
Los copos se retrasan y nos cansamos de desearlos boquiabiertos desde el suelo.
La semana más larga del mundo aguarda.
La semana más larga del mundo acabará...
cuando vuelvas.
jueves, 11 de febrero de 2010
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