Ocurre cada mes. Cierto día imposible de averiguar, durante unas horas que preceden primero la incertidumbre y por último la decepción.
Después ya no queda nada. Todo lo que posees se esfuma porque de qué sirven tantas cosas si solo necesitas una.
Y resulta que esa caja está vacía...
martes, 21 de junio de 2011
martes, 22 de marzo de 2011
"Hubiese querido deshacerme en lágrimas, pero no podía llorar. Era demasiado mayor para hacerlo, había tenido demasiadas experiencias en mi vida. En este mundo existe un tipo de tristeza que no te permite verter lágrimas. Es una de esas cosas que no puedes explicar a nadie y, aunque pudieras, nadie te comprendería. Y esa tristeza, sin cambiar de forma, va acumulándose en silencio en tu corazón como la nieve durante una noche sin viento."
El fin del mundo y un despiadado país de las maravillas
Haruki Murakami
Suelo llorar después de hacer el amor.
Él lo sabía y me preguntó: "¿Por qué sigues con alguien que te hace llorar cada vez que haceis el amor?". No supe qué contestar, pero la respuesta estaba clara: lloraba porque sabía que me estaban engañando; porque por inercia, yo también engañaba; porque hacía mucho tiempo que nuestra historia era una farsa, y aquello no era un acto sincero.
Pero prefiero llorar a no sentir nada...
Ahora sigo llorando después de hacer el amor, pero ya no soy desgraciada. Me siento colmada, segura. Sé que es un encuentro solo para nosotros dos, no hay nadie más. Y lloro feliz mientras me susurras "te quiero". Ahora es un verdadero acto de amor, que se mide en lágrimas.
jueves, 10 de febrero de 2011
Se acabó la fiesta
Dejaron de servir el vino.
Poco antes habían compartido un par de copas; sonrieron y brindaron: "¡Por nosotros!".
La orquesta dejó de tocar.
Antes habían bailado hasta la extenuación, siempre "agarraos". A veces, alguno de los dos se arrancaba a cantar. Y seguían sonriendo...
Los amigos empezaron a marcharse.
Antes los aplausos habían sido para ellos; todos les abrazaban y felicitaban. Todos sonreían.
Apagaron las luces.
Antes habían buscado cualquier rincón oscuro para estar solos, para encontrarse sin hacer ruido y compartir sus medias sonrisas en silencio.
La fiesta se acabó.
Se soltaron de las manos y cada uno se fue solo a su cuarto. Las sonrisas se esfumaron.
Poco antes habían compartido un par de copas; sonrieron y brindaron: "¡Por nosotros!".
La orquesta dejó de tocar.
Antes habían bailado hasta la extenuación, siempre "agarraos". A veces, alguno de los dos se arrancaba a cantar. Y seguían sonriendo...
Los amigos empezaron a marcharse.
Antes los aplausos habían sido para ellos; todos les abrazaban y felicitaban. Todos sonreían.
Apagaron las luces.
Antes habían buscado cualquier rincón oscuro para estar solos, para encontrarse sin hacer ruido y compartir sus medias sonrisas en silencio.
La fiesta se acabó.
Se soltaron de las manos y cada uno se fue solo a su cuarto. Las sonrisas se esfumaron.
lunes, 31 de enero de 2011
IN WONDERLAND
Nunca lo había leído, ni había visto las películas, pero Murakami me lo puso en bandeja cuando, de repente, encontré un libro suyo: "El fin del mundo y un despiadado país de las maravillas". Por supuesto, antes de empezar, tenía que conocer los precedentes, y el capítulo 7: "Una merienda de locos" es estrambótico; una maravilla caótica.
"La mesa estaba puesta delante de la casa, bajo un árbol, y la Liebre de Marzo y el Sombrerero tomaban el té. Entre ellos había un Lirón profundamente dormido, sobre el cual apoyaban los codos, a modo de cojín, y hablaban por encima de su cabeza. [...]
Aunque la mesa era grande, los tres se apretujaban en uno de los extremos.
- ¡No hay sitio! ¡No hay sitio! - exclamaron al ver llegar a Alicia.
- ¡Hay sitio de sobra! - dijo Alicia indignada, y se sentó en un gran sillón, en un extremo de la mesa.
- Sírvete algo de vino - le invitó la Liebre de Marzo.
Alicia, por más que buscó, no vio en toda la mesa otra cosa que té. [...]
El Sombrerero fue el primero en romper el silencio.
- ¿Qué día del mes es hoy? - dijo, volviéndose a Alicia: había sacado del bolsillo el reloj y lo miraba con inquietud, agitándolo a cada momento y llevándoselo al oído.
Alicia reflexionó un poco y dijo:
- Cuatro.
- ¡Dos días de retraso! - suspiró el Sombrerero -. ¡Ya te dije que no iría bien la mantequilla a la maquinaria! - añadió, mirando con enojo a la Liebre de Marzo.
- Era mantequilla de la mejor - replicó esta con humildad.
- Sí, pero tendría algunas migas dentro - gruñó el Sombrerero -. No debiste ponerla con el cuchillo del pan." [...]
"La mesa estaba puesta delante de la casa, bajo un árbol, y la Liebre de Marzo y el Sombrerero tomaban el té. Entre ellos había un Lirón profundamente dormido, sobre el cual apoyaban los codos, a modo de cojín, y hablaban por encima de su cabeza. [...]
Aunque la mesa era grande, los tres se apretujaban en uno de los extremos.
- ¡No hay sitio! ¡No hay sitio! - exclamaron al ver llegar a Alicia.
- ¡Hay sitio de sobra! - dijo Alicia indignada, y se sentó en un gran sillón, en un extremo de la mesa.
- Sírvete algo de vino - le invitó la Liebre de Marzo.
Alicia, por más que buscó, no vio en toda la mesa otra cosa que té. [...]
El Sombrerero fue el primero en romper el silencio.
- ¿Qué día del mes es hoy? - dijo, volviéndose a Alicia: había sacado del bolsillo el reloj y lo miraba con inquietud, agitándolo a cada momento y llevándoselo al oído.
Alicia reflexionó un poco y dijo:
- Cuatro.
- ¡Dos días de retraso! - suspiró el Sombrerero -. ¡Ya te dije que no iría bien la mantequilla a la maquinaria! - añadió, mirando con enojo a la Liebre de Marzo.
- Era mantequilla de la mejor - replicó esta con humildad.
- Sí, pero tendría algunas migas dentro - gruñó el Sombrerero -. No debiste ponerla con el cuchillo del pan." [...]
Lewis Carroll
miércoles, 26 de enero de 2011
ODM 5: Mejorar la salud materna
Para los niños de Villarta de los Montes
Me llamo Marta y soy española. Tengo 30 años y estoy embarazada de mi primer hijo.¡Estaba deseando tener un bebé!
Aunque estoy nerviosa, sé que mi hijo nacerá sin ningún problema porque los médicos que me atienden son muy buenos. Cuando me encuentro mal o me duele algo, acudo a los servicios de urgencia y me tratan muy bien. Por supuesto, mi familia y mi marido también me cuidan y se preocupan por mí.
Como de todo y procuro seguir una dieta equilibrada y variada. Además, voy a clases de preparación al parto donde me enseñan técnicas para que mis dolores no sean tan fuertes.
Sé que cuando llegue el momento del parto, todo estará preparado para que salga bien: los médicos, el material sanitario...
Pronto podré ver la carita de mi bebé y los dos estaremos sanos y a salvo.
* * *
Me llamo Sophie y soy de Nigeria, en África. Tengo 30 años y estoy esperando mi cuarto hijo. Mi marido y yo ya no queríamos tener más hijos, pero no hemos sabido cómo evitarlo.
No puedo ir al centro de salud porque está a 200 km de nuestra aldea, y aunque encontrara un medio de transporte, no tendría dinero para pagar la visita médica. Mi marido gana muy poco dinero, a pesar de que trabaja muchas horas, y tenemos que alimentar a nuestros tres hijos.
Mis padres y hermanos murieron y mi suegra está enferma de paludismo y no puede ayudarme con las tareas del hogar.
Como no he acudido al médico, no sé si mi bebé y yo estamos sanos. Básicamente solo me alimento de arroz y me siento muy cansada.
Además, me da un poco de miedo este embarazo, me dan miedo los médicos y temo que algo salga mal y no puedan salvarme. Mis partos anteriores fueron dolorosos y no me trataron bien. Una de mis vecinas murió de una infección y ahora sus hijos se han quedado huérfanos.
Probablemente, ni mi bebé ni yo sobrevivamos.
Hay que cuidar a las madres, para que ellas puedan cuidar de sus hijos.
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