jueves, 26 de abril de 2012

El príncipe sin sonrisa

         Érase una vez, un reino muy lejano, donde todos vivían felices. El rey y la reina eran bondadosos y sus súbditos estaban muy contentos. Solo una cosa preocupaba a los reyes: su amado hijo nunca sonreía.


         Para conseguir que no estuviera siempre tan serio, le hacían muchos regalos. El príncipe daba las gracias de corazón, pero era incapaz de sonreir. Su regalo preferido era un unicornio que le entregó su hada madrina. Juntos recorrían el reino entero.

         Un día se encontró una princesa muy guapa y bondadosa. El príncipe se enamoró de ella y le pidió que diera un paseo con él y su unicornio hasta la casa de dulces que estaba en el monte. El príncipe había descubierto esta casa un día mientras cabalgaba.

         Cuando llegaron allí, aparecieron los dueños de la casa en un carro lleno de paja. Les invitaron a comer y aceptaron. Los dos hombres contaban muchos chistes, pero el príncipe no se reía.

         Horas más tarde oscureció, y el príncipe y la princesa decidieron volver al castillo. Por el camino se encontraron con unos fantasmas que se reían mientras los iban rodeando, hasta que los cogieron y los ataron con unas cuerdas. Pero el príncipe fue listo y con su espada rompió la cuerda y huyeron en el unicornio. Los fantasmas se echaron a llorar cuando vieron que se les escapaban.

         Como no veían bien, tropezaban en las piedras y rodaban por el suelo. La princesa pudo ver una leve sonrisa en la cara del príncipe y se sintió feliz, pero no del todo porque a ella le gustaría que estuviera siempre alegre y no parara de reir.

         Más adelante se encontraron con un hada madrina y la princesa le preguntó:

-      ¿Puedes hacer algo para que el príncipe pueda reir?

El hada respondió:

-      Puedo hechizarle, pero no durará mucho.

Entonces el hada le echó el conjuro, el príncipe y la princesa le
dieron las gracias y se fueron. Pasado un rato dejó de sonreir y se le pasó el conjuro.

         Luego se fueron a dormir. La princesa soñó que su hada madrina le decía lo que tenía que hacer para que el príncipe riera: tenía que conseguir las lágrimas del unicornio y echárselas en un vaso para que se las bebiese.

         Al día siguiente, la princesa le llevó al unicornio una cebolla, la partió y se la puso en el hocico. Así, empezó a llorar y la princesa recogió las lágrimas con un bote y se las llevó al príncipe, que se las bebió. Cuando lo hizo, le entró un dolor de barriga terrible.

         Lo que pasó fue que empezó a reírse tanto que le dolía la barriga. No podía parar porque se estaba riendo por todos los años que no se había reído.

         El príncipe y la princesa se casaron y tuvieron hijos sonrientes.

         Y colorín colorado, este cuento se ha acabado.

Alumnos de 3º y 4º
Curso 11/12
CEIP. Ntra. Sra. de Flores
Bodonal de la Sierra



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