Todo tiene un principio y un fin.
En ocasiones llega inesperado, te coge por sorpresa y trastoca tu osamenta, quebrándola a trocitos que nadie volverá a recomponer.
Este fue el final de ayer, que se hizo rogar en el alma y en el tiempo.
También existe el final avisado, ese que te manda señales de neón.
Para que no se te olvide, para que no te descuides y lo incluyas en tus sueños, para que no luches ni te retuerzas.
Este será el final mañana, porque ya no voy a competir...

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