Sale del espejo directo al cuello y muerde donde puede.
Sus manos no dejan de moverse e introduce los dedos en cada recoveco, para desgarrar desde dentro.
Se encarama, sube y baja, entra y sale, carga todo el peso, da vueltas, tira de aquí y de allá, salta; o simplemente se para a mirar, disfrutando del espectáculo. Imaginando nuevas formas de matar.
Finalmente deja el cuerpo tendido de cualquier manera, sin terminar.

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