La soga al cuello y me estremezco.
Mis ojos, inconscientes, te sueñan.
Mi boca, que calla y te besa,
que calla y te lame, que calla y...tu boca.
Mis manos, atadas, te rozan apenas.
Me quiebro, intento un abrazo y,
la condena más pesa.
Me aferro a tus caderas, sacudida,
y restalla el látigo muy cerca.
Y le paso la lengua al hacha
que pende sobre mi cabeza.
Quizá así pueda frenarla,
salir de esta atiborrada celda.
Trotemos.
Huyamos.
Volemos.
